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sábado, 21 de marzo de 2009

El decálogo de principios fundamentales para combatir el maltrato a los mayores

NO al maltrato a los mayores - Ponte En Su Piel - ponteensupiel.infoelder.com

1. Dignidad. Tratar con respeto.
2. Inclusión social. Evitar aislamiento y soledad.
3. Atención inmediata ante lesiones, abusos, reclusiones y negligencias.
4. Personalizar su entorno. Adecuar el espacio para garantizar la independencia de la persona.
5. Responder al deseo de satisfacer sus necesidades de higiene.
6. Calidad de la comida, adecuada a sus gustos y necesidades.
7. Respetar su intimidad.
8. Favorecer el mantenimiento o recuperación del máximo grado de autonomía.
9. Ayudas técnicas para facilitar la movilización, la higiene y el vestirse.
10. Implicar a las familias en el cuidado y tomar decisiones compartidas.

jueves, 5 de marzo de 2009

Un centenar de ancianos sin recursos, acogidos por las Hermanitas de los Pobres



“Los ancianos no somos personas inútiles”

Los ancianos sin recursos tienen en las Hermanitas de los Pobres un sitio en el que vivir

Existe en el corazón de Madrid una casa de acogida que esconde por sus rincones millones de historias para ser oídas. En la casa viven casi cien ancianos que rondan los cien años, y una docena de monjas que los cuidan. Tanto por unos como por otras, esta casa se transforma en una auténtica escuela de vida para todos aquellos que la visitan.”No somos inútiles. Somos personas mayores, pero incluso cuando estamos enfermos, servimos para algo“.

Lo dice Clara, una mujer de 82 años que se mueve por la casa como pez en el agua. Se ha convertido en la guía improvisada de la visita a esta morada que, durante ya más de cien años, ha acogido en el madrileño barrio de Alonso Martínez a ancianos sin recursos, pobres y, en muchísimos casos, sin familia. Nuestra guía estudió Químicas en Salamanca, y fue maestra durante años porque también hizo Magisterio, “pero ya ves hijo, como no contribuí durante la mayor parte de ese tiempo, pues no tengo pensión”.

Gracias

A su lado, en silencio, Víctor y Antonio le dan puntadas a unas alfombras que quedan ‘niqueladas’. Ellos son más callados, apenas dicen nada. Sólo levantan la mirada para observar cómo les hacen fotos mientras tejen los hilos con la lana y, sin inmutarse, devuelven a la tela su atención. Sólo hablan cuando te vas de la habitación, y no dicen adiós, sólo dicen “gracias”. Y es que, como explica Clara, “hoy es un día importante, porque tenemos su visita“.

Clara nos explica que con su pensión “poco pueden hacer las hermanitas”, pero que eso no cuenta en esta casa. Entramos entonces en el lavadero, donde otras cuantas ancianas lavan y planchan todas las sábanas y toallas de la casa, “¡para un regimiento!”, dice entre risas Inmaculada, una de las pocas empleadas. “Si no llega a ser por ellas -matiza señalando a las ancianas-, aquí harían falta el doble de monjas y el doble de personal“. Luego llegan la cocina y el office, donde, esta vez un hombre, Ambrosio, pone y recoge cada día cuatro lavaplatos industriales, casi nada. “Y lo hago con gusto, no puedo hacer menos”, dice agradeciendo con la mirada a la hermana que le ayuda.

Mención especial de la casa merece un cuartucho pequeño llamado ‘el patatero’. Allí están Carmen, de 97 años, acompañada, cuchillo en mano, de Gloria, Luisa, Eduvigis y Felícitas. Se pasan todas las mañanas pelando patatas y cortando judías verdes. Y son una risa sin tregua. Saben más que los ratones coloraos y es que, entre las cinco, suman más de cuatrocientos años de vida, que se dice pronto.

La hermana profesó en las Hermanitas de los Pobres a los 18 años, y lleva ya veintidós, “feliz y contenta”. ¿Cómo se puede ser feliz así, entregándote a los ancianos? “Esa felicidad existe, pero no se puede expresar a medias, y para tenerla entera, tú te tienes que entregar sin medida, totalmente. No hay felicidad sin tu renuncia. Y eso, en un simple voluntariado, se vive sólo a medias“. ¿Y por qué una chica joven decide renunciar a todo? ¿Qué le ofrecen los ancianos? “Ellos nos aportan la alegría de servirles, de ser nuestros señores”.

Ellos completan nuestra vocación y es en ellos donde cada día vemos al Señor. Y nos dan la oportunidad de amar. El anciano sólo quiere sentirse querido y amado. Uno puede calentarle la sopa, hacerle la cama y acompañarle al baño, pero si no hay corazón, no le sirve de nada”. Sor Isabel continúa hablando de esta relación tan especial. “Hay que arrancarlos de su soledad, devolverles su nombre, su rostro, abrirles una nueva conciencia de ellos mismos y de su dignidad, y para lograr eso, hay que amarlos”.

La muerte se vive con alegría

Sor Isabel se encarga de hacer cada mañana la colecta, esto es, ir de casa en casa, puerta por puerta, pidiendo limosna. Ella sabe que esta vida va contra corriente frontalmente. “Al mundo se le está dando el mensaje de que a nuestros mayores tenemos que agradecerles mucho, tenemos que aprender de ellos, y ellos esperan de nosotros esa acogida y esa escucha”. ¿Y qué se aprende de un anciano? “Pues, por ejemplo, a esperar”.

De aquellos que tienen hijos de los que no saben nada desde hace años y, sin embargo, les siguen esperando”. Sor Isabel ha visto morir a muchos ancianos. Dice que unos cuarenta, pero son muchos más en realidad. “Aquí no se recibe la muerte con pena. Se vive con la alegría de haber dado todo en la Tierra para vivir ya con el Señor. Es una resurrección. Y cuando llega la agonía, nosotras no nos separamos de ellos ni un segundo. Eso les da mucha tranquilidad“.

A la hora de la despedida, sor Isabel quiere dejar clara una cosa sobre los ancianos: “Muchos están abandonados, como despojos olvidados, pero mira: ellos cuentan para Dios. Para el mundo no contarán, pero para Dios sí, y más que nosotros, por su pobreza y por su vida”.

Beata Juana Jugan, Fundadora de las Hermanitas de los Pobres

Nacida al norte de Francia a finales del siglo XVIII, Juana Jugan sabe desde muy pequeña lo que es el hambre, la penuria y el abandono. En su hogar, su madre se ocupa de que la fe, perseguida por la Revolución,se mantenga viva. Después de haber trabajado para los pobres en diferentes experiencias, en 1839 Juana acoge en su casa a una anciana pobre y mendiga, acostándola en su propia cama.

Desde entonces, entrega su vida totalmente a Dios y a los ancianos pobres y sin familia. Muchas jóvenes se unen a su obra y es así como nace la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, cuyo carisma se resume en un lema de la propia beata: “Ser humilde para estar con los ancianos; estar con los ancianos para hacerlos felices“.

Actualmente, en 31 países de los cinco continentes hay casas de la congregación. Cuidan
y acompañan hasta el final de sus vidas a las personas mayores pobres que acogen, procurándoles
una calidad de vida digna y las atenciones que su estado requiere, en un clima familiar que favorece
el respeto de la vida y de la dignidad de la persona.

En España son nada menos que treinta las casas de las Hermanitas de los Pobres. “Al mundo le damos el mensaje de que a nuestros mayores tenemos que agradecerles mucho, y mucho tenemos que aprender de ellos. Hay que arrancarlos de su soledad, devolverles su nombre y su rostro, abrirles una nueva conciencia de su dignidad, y para eso, hay que amarlos”.