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Mostrando entradas de agosto, 2015

La señora X se llama Soledad.

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Mudarse a una residencia de ancianos implica una enorme conmoción emocional. Es quizá la mayor transición a la que cualquiera de nosotros va a enfrentarse en nuestras vidas. Imagina que un día eres relativamente independiente, sigues realizando tus actividades normales cuando, de repente, la alfombra del salón se enreda en tus pies, o tropiezas en una acera al cruzar la calle. La siguiente información que conoces es que estás en un hospital con una fractura de cadera, complicaciones y unas semanas por delante para encontrar un lugar donde puedan atenderte mejor que en tu casa. De repente, sientes que te han robado lo mejor de ti. Has perdido tu salud, tu independencia, tu hogar y tu identidad. Lo has perdido todo. La impotencia y un profundo sentimiento de soledad se apoderan de ti. Por supuesto, esta es solo una de tantas formas que desembocan en una institucionalización en una residencia. Para muchos, la transición es más lenta. Un largo camino de pérdidas que conduce a una desconex…