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viernes, 21 de octubre de 2011

EVALUAR Y PREPARAR UN PROGRAMA DE ESTIMULACIÓN CONGITIVA

Continuando con el tema de la estimulación cognitiva, la experta en el tema Ana Belén Martín nos explica en esta ocasión los principales aspectos a tener en cuenta para evaluar y preparar un programa de estimulación cognitiva.

foto por Carlos Lorenzo

En la anterior entrada sobre estimulación cognitiva para prevenir la dependencia, finalizaba el artículo advirtiendo de la necesidad de planificar adecuadamente la aplicación de cualquier programa previa evaluación del sujeto, teniendo en cuenta que el objetivo es obtener un beneficio para la persona mayor.

Antes de introducir cómo debe ser la evaluación antes de la implantación del programa de estimulación, considero necesario mencionar cuáles son las capacidades cognitivas que normalmente se trabajan en psicoestimulación. Siempre se van a seleccionar las capacidades a entrenar en función de las necesidades del sujeto, eligiéndolas de entre las siguientes que propone Julia García Sevilla:
En función de qué capacidades deben ser entrenadas, podemos seleccionar un programa ya existente o crear uno totalmente personalizado. Entre los primeros, podríamos tener en cuenta principalmente los siguientes:
Terapia de Reminiscencia

Terapia de Orientación a la Realidad
Programas de Psicoestimulación Cognitiva
Terapia Conductual
Terapia Neuropsicológica Individual.

No damos más detalles ahora sobre cada uno de estos programas porque, para ello, tendríamos que dedicar varios artículos exclusivamente a esta tarea y, en este momento, resultan más relevantes otras cuestiones. La evaluación previa nos debe permitir determinar el objetivo final de la terapia, conocer los síntomas, posibles alteraciones neuropsicológicas y el estado cognitivo del sujeto así como sus intereses y motivaciones para, con esta información, decidir el tipo de programa, el tipo de actividades y el nivel de dificultad que resultan adecuados para la persona.

Entre las herramientas con las que podemos contar para tomar estas decisiones, siempre deben estar presentes las siguientes: Escalas sobre el estado general del sujeto; Test de cribado cognoscitivo, como el Mini Mental de Folstein; una adecuada Evaluación Neuropsicológica y Registros de observación directa de la ejecución del sujeto en los distintos tipos de tareas.

Una vez realizado todo lo anterior, al poner en marcha cualquier programa de estimulación cognitiva, según Andrés Sardinero, debemos tener en cuenta lo siguiente:

1. El programa debe tener carácter terapéutico así como ser individualizado y la intervención en sí misma debe ser global, integral y especializada.
2. Siempre que sea posible, es conveniente que se trate de una intervención multidisciplinar.
3. Se debe sustentar la intervención en alguno de los modelos teóricos existentes provenientes de la neuropsicología cognitiva.
4. Conviene realizar un listado en el que se refleje el orden de prioridades en cuanto a los objetivos que se hayan establecido para la intervención.
5. El entrenamiento en sí mismo, además de adaptado al sujeto, debe ser gradual y progresivo.
6. También tienen que entrenarse las habilidades cognitivas conservadas, es decir, aquellas en las que la persona no muestra ningún deterioro.
7. El tratamiento debe ser tan precoz como sea posible y prolongarse durante el tiempo que resulte necesario.
8. Se debe ofrecer al paciente información sobre su ejecución según va realizando las tareas, así como reforzar el trabajo realizado, no sólo cuando el resultado es positivo, sino más bien valorando el esfuerzo.
9. Hay que tener en cuenta el orden de las tareas en las sesiones para comenzar y terminar con actividades que fomenten la motivación y plantear las tareas que requieren más esfuerzo en la parte media de la sesión.
10. Se debe fomentar la implicación familiar.
11. El terapeuta necesita tener en cuenta los procesos afectivos y motivacionales del paciente.
12. Hay que llevar a cabo una evaluación permanente de la ejecución y la consiguiente revisión periódica del programa para realizar los cambios que se consideren oportunos.

Si como lectores tenéis mucho interés en el tema, no dudéis en hacérnoslo saber a través del apartado de comentarios para escribir próximos artículos en los que profundaríamos en los distintos programas o en los temas que os interesen más.

Escrito por:
Ana Belén Martín

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Qué es la Animación Sociocultural para el Adulto Mayor?

La Animación Sociocultural para los mayores es una estrategia que busca mantener y/o mejorar la calidad de vida de personas mayores que están en riesgo de dependencia, soledad, abandono o maltrato. El Médico experto en Gerontología Social Juan Carlos Morales Ruíz nos explica en qué consiste y cuáles son las principales características de los programas de Animación Sociocultural

animacion sociocultural para mayores

El concepto de animación, tal como se maneja en la actualidad, surgió en Francia a finales de la década de los sesenta y se consolidó como pilar del mantenimiento de la calidad de vida de los adultos mayores veinte años más tarde.

Con el tiempo, se transformó de una perspectiva casi exclusivamente lúdica a otra que engloba todas las dimensiones del individuo y sus relaciones con la vida cotidiana. Ya no se trata únicamente de programar actividades para pasar el tiempo libre sino de convertirla en un proceso de acompañamiento centrado en los deseos, las expectativas, los intereses, las aptitudes y los recursos de la persona y el contexto en que se desenvuelve.

Desde esa perspectiva se ha planteado que la animación consista en la estimulación de los individuos y/o de los grupos para identificar sus necesidades, buscar soluciones para garantizar la satisfacción de las mismas y poner en marcha acciones para desarrollar todo lo anterior. Entre los objetivos de la animación se incluyen la promoción de estilos de vida activos, la ocupación óptima del tiempo libre, la integración social, el fortalecimiento de los vínculos psicoafectivos, el desarrollo permanente y armónico de las dimensiones biológica, psicológica y social del individuo y el mantenimiento de la calidad de vida.

La animación sociocultural puede llevarse a cabo en cualquiera de los ámbitos en que tiene lugar el desenvolvimiento cotidiano de los adultos mayores, en el domicilio, en centros de estancia ocasional y en residencias que acogen en forma permanente población dependiente o susceptible de ser dependiente en alguna de las esferas biológica, funcional, mental o social.

Animación sociocultural en casa: Las experiencias de animación en el domicilio no han sido objeto de atención especial por parte de los profesionales de la gerontología y se limitan a los individuos que han sido objeto de algún evento generador de desequilibrio biopsicosocial, accidentes, enfermedades prolongadas o incapacitantes, limitación funcional o aislamiento social, las cuales generan gran movimiento de la dinámica social y/o familiar orientado a proporcionar apoyo y generar bienestar. La animación en el domicilio responde a tres aspectos básicos, el acompañamiento de la persona mayor en las actividades de la vida cotidiana, el mantenimiento y de ser posible el fortalecimiento de las redes sociales y la prevención de los factores generadores de riesgo.

Animación sociocultural en centros de estancia ocasional: Los centros de estancia ocasional, clubes o casales y hogares de paso, constituyen una instancia intermedia entre el hogar y las residencias, ya que están orientados de acuerdo con las necesidades de quienes residen en el domicilio pero al mismo tiempo poseen elementos característicos de las estructuras colectivas (Elizasu, 2000). En términos generales, la animación en estos centros ha de estar orientada a proporcionar un sentido nuevo a la vejez y generar protagonismo personal frente a la toma de decisiones respecto al estilo de vida deseado, en tal sentido, muchas de estas instituciones tienen como objetivo fundamental servir como espacio de encuentro, integración e interacción social y cultural de ancianos con expectativas semejantes.

Animación sociocultural en residencias: la animación en centros de larga estancia representa una de las mayores preocupaciones de los responsables de la planeación de servicios gerontológicos, dada la magnitud de los cambios que se producen a partir del ingreso del anciano, aún más si presenta un nivel de dependencia: pérdida del contexto familiar, limitación funcional y/o social, disminución de autonomía y desequilibrio en la dinámica de la vida cotidiana. En ese contexto, la animación sociocultural en los hogares de ancianos ha de estar orientada hacia la generación de actividades que “sustituyan” las condiciones naturales de desenvolvimiento social en el nuevo ambiente en que se ve insertado el anciano a raíz de su internación.

Según Baguet, los objetivos de la animación sociocultural en las residencias de ancianos son el mantenimiento de la independencia en la realización de las actividades cotidianas, el encuentro con el mundo exterior, la resignificación del rol social, el desarrollo del sentido de pertenencia, el fortalecimiento de la identidad, la adquisición de conocimientos, la disminución del impacto del “aislamiento” institucional, la satisfacción de las necesidades lúdicas y la promoción del autocuidado como herramienta fundamental para el mantenimiento del estado de salud.

Martine Perron plantea la elaboración de un proyecto de animación sociocultural en torno a cinco etapas básicas:
1. La identificación de valores
2. La determinación de los recursos disponibles
3. El establecimiento de los objetivos
4. La planificación de las actividades
5. La evaluación con fines de mejoramiento.

Identificación de valores: En la primera fase es necesario enunciar con claridad los valores que sustentan la convivencia al interior del grupo objetivo e identificar los beneficiarios teniendo en cuenta el perfil de la población, el grado de discapacidad y el nivel intelectual, social y cultural entre otros.

Identificación de recursos: es fundamental para garantizar el éxito del proceso ya que la viabilidad del mismo está relacionada directamente con la posibilidad de materialización, los recursos incluidos en el proyecto deben ser considerados desde la perspectiva del adulto mayor, de la familia, de los actores que acompañan el proceso y del sustento real del mismo.
Objetivos del proceso de animación: se establecen una vez determinados los recursos disponibles, el cronograma de actividades y las responsabilidades de los organizadores y de los participantes, la formulación de objetivos debe llevarse a cabo en concordancia con el contexto y tomando en cuenta las debilidades y las fortalezas de los miembros y del colectivo y tener la flexibilidad suficiente para responder en forma adecuada a los cambios en las necesidades y expectativas de los mismos.

Planificación de actividades: es la base para garantizar la calidad del proceso de animación y puede ser llevada a cabo mediante la utilización de un instrumento de sistematización que puede ser una ficha metodológica, la cual puede ser configurada a partir de los siguientes elementos: título, caracterización del individuo o grupo a quien (es) se dirige (n) la (s) actividad (es), desarrollo de los objetivos propuestos, responsable de la ejecución, cronograma, lugar designado para la implementación, proposiciones y comentarios y evaluación con fines de mejoramiento.

Evaluación: íntimamente relacionada con la fase de planificación, es una de las partes más importantes de la animación y constituye, de acuerdo con Elizasu, una acción comparativa entre los resultados esperados y alcanzados, en otras palabras, una valoración de la eficacia, pertinencia y calidad de las acciones de animación llevadas a cabo con el grupo, incluyendo, la evaluación de los principios, las prácticas, la capacidad de los responsables de la actividad y los recursos utilizados.

Escrito por:
Juan Carlos Morales Ruiz
Médico Especialista en Gerontología Social
Master en Educación