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viernes, 25 de marzo de 2011

Adiós; perdón, quiero decir, hasta luego.

Cuando se va alguien de los nuestros, siempre se nos encoje el corazón, porque nuestra profesión, aunque a veces lo queramos evitar, tiene un componente vocacional importante y se coje cariño a las personas que pasan los días con nosotros. Especialmente si son como Erundina "cosa fina" como solía poner ella siempre de coletilla. Los que tuvimos el honor de conocerla, vimos a una mujer afable, cariñosa, obediente, educada y sobre todo una buena madre, como nos confesaban sus hijas, a pesar de sus limitaciones físicas, nunca un mal gesto, al contrario, correspondía al saludo con una sonrisa, que nos sabía a gloria cada día, esa era nuestra recompensa más valiosa, poder arrancarle un suspiro, una sonrria, una mirada, para nosotros era la constatación de que el esfuerzo valía la pena.
Cuando todavía podía hablar, siempre tenía en los labios un comentario amable, o un dicho popular, parecía ausente, pero en medio de la conversación en la que no participaba, ponía su pincelada oportuna y siempre con chispa, que traía risas y un momento de felicidad al grupo en el que estaba.
No puedo menos que resaltar con alegría algo que no se ve mucho en estos tiempos, el cuidado, cariño y esmero con el que sus tres hijas la cuidaban. Ya me gustaría poder escribir esto mas a menudo.
Y por último estoy seguro que el buen Dios, estará con los brazos abiertos para acogerla en su seno. Adiós Erundina; perdón, quiero decir, hasta luego.

jueves, 24 de marzo de 2011

Los ancianos de Fukushima se resisten a abandonar sus hogares


El miedo a lo que no se ve es muy personal. Hay quien está dispuesto a pagar cifras exorbitantes por salir cuanto antes de Japón, incluso si, como en el caso de dos periodistas europeos, es necesario hacer escalas en Honolulu y Los Ángeles antes de llegar a Pekín. Y hay otros que respiran tranquilos a escasos kilómetros de los reactores averiados, negándose a obedecer las órdenes de evacuación. Haciendo oídos sordos a las recomendaciones del Gobierno, un puñado de familias siguen con sus vidas dentro del primer perímetro de seguridad de 20 kilómetros desalojado la semana pasada y del que han escapado más de 200.000 personas.

No se sabe cuántos son, pero las televisiones japonesas mostraron ayer varios vídeos filmados por bomberos y equipos de rescate (algunos protegidos con trajes especiales y a bordo de vehículos militares) que recorrieron pueblos fantasma tratando de convencerlos de que se marchen de allí, ya que los niveles de radiactividad son muy peligrosos para la salud. Al parecer, algunos se encuentran a menos de cuatro kilómetros de la central.

Son en su mayoría ancianos testarudos, que dicen no tener miedo a la muerte o a la radiación. Las imágenes muestran a parejas de campesinos que esgrimen cualquier tipo de excusa con tal de quedarse allí. «Si abandono el huerto se echará a perder. Estoy bien y no pasa nada», decía uno de ellos en una entrevista con la Prensa. Otro respondía por teléfono a las súplicas de su hija, quien había puesto en alerta a las autoridades. «Tenemos comida y sake. Estamos bien. Tu madre se pasa el día durmiendo. No te preocupes», insistía el anciano, a quien no hubo manera de hacerlo entrar en razón.

Un tercero explicaba que tenía «problemas de espalda» y le resultaba incómodo dejar su hogar. «Les agradezco que se preocupen, pero no me voy a ir. Ésta es nuestra casa y tenemos cosas que hacer aquí. No nos vamos a ir, pase lo que pase», se despedía una señora de los equipos de rescate que, antes de irse, cerraron todas las ventanas de la casa, para que ella y su marido no queden tan expuestos a la radiación.

Pueblo fantasma
Su vida transcurre en pueblos fantasma, algunos de ellos afectados por el terremoto y el tsunami, zonas por las que también transitan bomberos con trajes a prueba de radiación, en busca de supervivientes y cadáveres del tsunami. A la mayoría de ellos no llega agua corriente, electricidad, ni teléfono, por lo que quienes han decidido quedarse ni siquiera saben lo que está ocurriendo en la central. «Mi mujer está enferma. Si se mueve no llegará lejos. Es mejor que nos quedemos aquí, además yo no noto nada», comentaba otro anciano.

Ante la falta de agua corriente, algunos se hidratan bebiendo refrescos embotellados que han encontrado en las tiendas abandonadas. El segundo perímetro, el de 30 kilómetros, también está habitado: aquí viven miles de personas, a quienes las autoridades han pedido que pasen el mayor tiempo posible dentro de casa. El Ejército ha sacado a cientos de ellos en los últimos días, a todos los que han solicitado salir.

lunes, 14 de marzo de 2011

Pfizer lanza en España una nueva filial para vender genéricos para el parkinson


Comercializará estos medicamentos para enfermedades como el parkinson, la hipertensión o la epilepsia.

Pharmacia Genéricos. Ése es el nombre con el que a partir de ahora Pfizer, el mayor laboratorio farmacéutico del mundo de medicamentos innovadores, operará en España para distribuir la versión genérica de ocho moléculas, entre las que se incluyen cinco de desarrollo propio cuya patente ya ha caducado.

La multinacional estadounidense comercializará genéricos para enfermedades como el Parkinson, la hipertensión arterial o la epilepsia, entre otras patologías, tal y como ya adelantó EXPANSIÓN el pasado 8 de enero.

“En 2009, nuestra compañía tomó la decisión de concentrar sus esfuerzos para estar más cerca de los pacientes y de la sociedad creando diferentes unidades de negocio, siendo una de ellas la Unidad de Medicamentos Establecidos”, explica Pedro Ballesteros, director de la Unidad Operativa de Medicamentos Establecidos de Pfizer España, dentro de la que se engloba Pharmacia Genéricos.

En opinión del directivo, la nueva compañía “tiene como objetivo optimizar el ciclo de vida de nuestros medicamentos maduros, dentro de los cuales los genéricos constituyen una línea importante”.

Pfizer se enfrenta este año a la caducidad de su fármaco estrella, Lipitor, indicado contra el colesterol, lo que podría reducir el precio de este fármaco hasta en un 85%, como ya ha ocurrido con otras moléculas que han perdido su protección. Tanto Ranbaxy como Teva ya han anunciado que están preparadas para producir su versión de marca blanca de Lipitor.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cuidadores






"Nunca olvidaré las tardes en silencio que pasaba con mi padre. Le grababa a él, grababa a mi madre, sus paseos..." Acababa de regresar de Francia y ya preparaba las maletas rumbo a París de nuevo, pero el reloj se paró. El Alzheimer irrumpió en la vida de Oskar Tejedor. Imposible olvidar la soledad y la lucha de su madre durante aquellos dos años. Ahora, cierra una dolorosa página con el documental 'Cuidadores' —premiado en la pasada Seminci, se estrena este 11 de marzo en Madrid—, y lo dedica: "A mi padre, y a su heroína, mi madre".

Reconoce que le faltaron fuerzas cuando llegó el momento de la muerte, "me desequilibré y al retomar la historia, decidí contarla a través de otras personas. Sabía que sería más cómodo para mí", confiesa.

Pero ¿Por qué sobre los cuidadores? "Se habla mucho de la enfermedad y ésta ya está diagnosticada. El cuidador es transparente ante la sociedad y lo que quería era darle color". Oskar explica que son enfermos colaterales y personajes que la gente desconoce. Durante año y medio estuvo buscando a víctimas de este dolor que le dejaran entrar en su casa y en su corazón. No fue fácil, pero gracias a esos códigos comunes que compartían, la comunicación fue mucho más fluida. "Era mucho más permeable entrar y salir de sus vidas".

Buscó distintos perfiles —hijos, esposas, maridos—, y distintos estados de la enfermedad. Y los encontró. Txus, Alicia, Naiara, Carlos, Manuel, Ana y Maribel muestran a la cámara la montaña rusa emocional en la que el Alzheimer ha convertido su vida.

"Yo tenía claro que el dramatismo era inherente al tema abordado y quise huir de ello. Quería que fuese esperanzador y positivo". El director cuenta que todos ellos son personas que, a pesar del sufrimiento, han sabido darle la vuelta, aprender y sacarle la parte positiva".

Carlos, a sus 82 años, es la viva imagen de la paciencia: "Cuando vamos por la calle empiezan las preguntas... ¿Y adónde vamos, Carlos? A los cinco minutos... ¿Y dónde vamos? Y así todo el día... De ahí no la sacas".

La soledad es la carga más pesada de Maribel. Tiene 62 años y su marido es el centro de su universo. "Lo peor son las noches. Te encuentras al lado de la persona con la que has compartido toda tu vida pero sabes que ya no está. Es como si estuvieras en una casa vacía. Eso no se puede explicar, no con palabras... la soledad que se vive no se puede describir".

Ana cuenta 50 años y asegura: "A mi marido lo quiero muchísimo, pero la conversación que tengo con él se ha acabado. Se limita a cuatro palabras: 'Sí', 'no', 'no sé'. Mi proyecto de vida se ha ido al garete". Está resignada.

El sentimiento de culpa tampoco pasa de largo para estos héroes. "He hecho lo máximo que podía hacer por mi mujer, pero a veces me pregunto si es suficiente". Son palabras de Manuel, a sus 78 años es el responsable de las sonrisas que esboza su mujer.

Los jóvenes tampoco son ajenos a esta realidad. El caso de Naiara explica el conflicto que sufren los cuidadores a esta edad. "Yo a mi madre la quiero mucho y no la voy a dejar, pero soy muy joven y tengo que vivir mi vida. Luego necesito equilibrar el sentimiento de amor que tengo hacia ella, porque si no lo hago voy a estar frustrada".

También hay casos en los que se descubre a personas completamente desconocidas, como le ocurrió a Txus. "Gracias a esta enfermedad he aprendido a querer a esa madre que pensaba que no existía. Y ése ha sido el camino que he hecho estos 8 años, aprender a quererla".

Todos tienen muchas cosas en común y todos han sufrido la desesperación en innumerables momentos. "Yo ahora me río de todas estas anécdotas que me han sucedido a lo largo de este proceso, pero cuando te pasa, es horrible. No sabes cómo reaccionar, te quieres morir. Dios mío, ¿por qué me tiene que pasar a mí?", cuenta Alicia, de 62 años.

Ellos han sido los héroes de esta Historia "de este regalo profesional y personal que me han hecho", dice Tejedor. Con respecto al reconocimiento en la Seminci, no duda al responder: "Poner voz a esta problemática, me parece el mayor premio del mundo".