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sábado, 12 de marzo de 2011

Cuidadores






"Nunca olvidaré las tardes en silencio que pasaba con mi padre. Le grababa a él, grababa a mi madre, sus paseos..." Acababa de regresar de Francia y ya preparaba las maletas rumbo a París de nuevo, pero el reloj se paró. El Alzheimer irrumpió en la vida de Oskar Tejedor. Imposible olvidar la soledad y la lucha de su madre durante aquellos dos años. Ahora, cierra una dolorosa página con el documental 'Cuidadores' —premiado en la pasada Seminci, se estrena este 11 de marzo en Madrid—, y lo dedica: "A mi padre, y a su heroína, mi madre".

Reconoce que le faltaron fuerzas cuando llegó el momento de la muerte, "me desequilibré y al retomar la historia, decidí contarla a través de otras personas. Sabía que sería más cómodo para mí", confiesa.

Pero ¿Por qué sobre los cuidadores? "Se habla mucho de la enfermedad y ésta ya está diagnosticada. El cuidador es transparente ante la sociedad y lo que quería era darle color". Oskar explica que son enfermos colaterales y personajes que la gente desconoce. Durante año y medio estuvo buscando a víctimas de este dolor que le dejaran entrar en su casa y en su corazón. No fue fácil, pero gracias a esos códigos comunes que compartían, la comunicación fue mucho más fluida. "Era mucho más permeable entrar y salir de sus vidas".

Buscó distintos perfiles —hijos, esposas, maridos—, y distintos estados de la enfermedad. Y los encontró. Txus, Alicia, Naiara, Carlos, Manuel, Ana y Maribel muestran a la cámara la montaña rusa emocional en la que el Alzheimer ha convertido su vida.

"Yo tenía claro que el dramatismo era inherente al tema abordado y quise huir de ello. Quería que fuese esperanzador y positivo". El director cuenta que todos ellos son personas que, a pesar del sufrimiento, han sabido darle la vuelta, aprender y sacarle la parte positiva".

Carlos, a sus 82 años, es la viva imagen de la paciencia: "Cuando vamos por la calle empiezan las preguntas... ¿Y adónde vamos, Carlos? A los cinco minutos... ¿Y dónde vamos? Y así todo el día... De ahí no la sacas".

La soledad es la carga más pesada de Maribel. Tiene 62 años y su marido es el centro de su universo. "Lo peor son las noches. Te encuentras al lado de la persona con la que has compartido toda tu vida pero sabes que ya no está. Es como si estuvieras en una casa vacía. Eso no se puede explicar, no con palabras... la soledad que se vive no se puede describir".

Ana cuenta 50 años y asegura: "A mi marido lo quiero muchísimo, pero la conversación que tengo con él se ha acabado. Se limita a cuatro palabras: 'Sí', 'no', 'no sé'. Mi proyecto de vida se ha ido al garete". Está resignada.

El sentimiento de culpa tampoco pasa de largo para estos héroes. "He hecho lo máximo que podía hacer por mi mujer, pero a veces me pregunto si es suficiente". Son palabras de Manuel, a sus 78 años es el responsable de las sonrisas que esboza su mujer.

Los jóvenes tampoco son ajenos a esta realidad. El caso de Naiara explica el conflicto que sufren los cuidadores a esta edad. "Yo a mi madre la quiero mucho y no la voy a dejar, pero soy muy joven y tengo que vivir mi vida. Luego necesito equilibrar el sentimiento de amor que tengo hacia ella, porque si no lo hago voy a estar frustrada".

También hay casos en los que se descubre a personas completamente desconocidas, como le ocurrió a Txus. "Gracias a esta enfermedad he aprendido a querer a esa madre que pensaba que no existía. Y ése ha sido el camino que he hecho estos 8 años, aprender a quererla".

Todos tienen muchas cosas en común y todos han sufrido la desesperación en innumerables momentos. "Yo ahora me río de todas estas anécdotas que me han sucedido a lo largo de este proceso, pero cuando te pasa, es horrible. No sabes cómo reaccionar, te quieres morir. Dios mío, ¿por qué me tiene que pasar a mí?", cuenta Alicia, de 62 años.

Ellos han sido los héroes de esta Historia "de este regalo profesional y personal que me han hecho", dice Tejedor. Con respecto al reconocimiento en la Seminci, no duda al responder: "Poner voz a esta problemática, me parece el mayor premio del mundo".

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