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miércoles, 28 de agosto de 2013

El cobre despierta y fomenta el desarrollo del Alzheimer

El cobre es un metal necesario para el organismo humano. Sin embargo, investigadores de Estados Unidos han descubierto que la acumulación de este elemento químico es uno de los principales factores ambientales que desencadenan el inicio y ayudan a la progresión de la enfermedad de Alzheimer, mediante la prevención de la compensación y la aceleración de la aglomeración de proteínas tóxicas en el cerebro. Así lo concluye un estudio publicado este pasado lunes en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences.
«Está claro que, con el tiempo, el efecto acumulativo del cobre irá en perjuicio de los sistemas por los que el beta-amiloide se retira del cerebro», señala Rashid Deane, profesor del Centro Médico de la Universidad de Rochester, en Nueva York (Estados Unidos), y autor principal del informe. «Este deterioro es uno de los factores clave que causan que la proteína se aglutine en el cerebro y se formen las placas que son el sello de la enfermedad de Alzheimer», añade.
El metal se encuentra por todas partes en el suministro de alimentos: en el agua potable transportada por tuberías de cobre, suplementos nutricionales y en algunos productos como carnes rojas, mariscos, frutos secos, y muchas frutas y verduras. No en vano, juega un papel importante y beneficioso en la conducción nerviosa, el crecimiento de los huesos, la formación de tejido conectivo y la secreción hormonal.
Sin embargo, este nuevo análisis muestra que el mineral también se concentra en el cerebro y provoca la ruptura de la barrera sangre-cerebro, el sistema que controla lo que entra y sale de la cabeza, lo que deriva en la acumulación tóxica de la proteína beta-amiloide, un subproducto de la actividad celular. Con células de ratones y del cerebro humano, Deane y sus colegas realizaron una serie de experimentos que han establecido claramente los mecanismos moleculares por los que el elemento rojo acelera la patología de este mal.
El equipo de investigación administró a los roedores normales dosis de cobre durante un período de tres meses. En concreto, se expuso a los animales a trazas de metal en el agua potable, lo que supone una décima parte de los estándares de calidad de agua establecidos por la Agencia de Protección Ambiental. «Son niveles muy bajos, el equivalente a lo que la gente consume en una dieta normal», explica Deane.
Los científicos encontraron que el cobre recorre el sistema de la sangre y se acumula en los vasos que alimentan de este líquido la cabeza. Estas células son una parte crítica del mecanismo de defensa del cerebro y ayudan a regular el paso de moléculas hacia y desde allí. Las células capilares impiden que el metal entre, pero, con el tiempo, este elemento puede acumularse con un efecto tóxico.
Asimismo, los investigadores observaron que este material inhibe la eliminación de la beta-amiloide, un fenómeno que observaron tanto en las células del cerebro de ratón como en las humanas.
 
ROEDORES ENFERMOS. Luego, los expertos analizaron el impacto de la exposición al cobre en roedores con Alzheimer, en los que las células que forman la barrera hematoencefálica se han roto y se han convertido en fugas, por una posible combinación del envejecimiento y el efecto acumulativo de las agresiones tóxicas, permitiendo que el mineral pase sin impedimento al tejido cerebral.  
Los autores observaron que este metal estimuló la actividad en las neuronas que aumenta la producción de beta-amiloide, de forma que se originaban grandes atascos que el órgano no podía borrar.
La inhibición de la compensación y la estimulación de la producción de beta-amiloide proporciona una fuerte evidencia de que el cobre es un actor clave en el Alzheimer. Además, observaron que este material provocó inflamación del tejido cerebral, que puede promover la acumulación de toxinas relacionadas con la enfermedad.
Sin embargo, ya que dicho metal es esencial para muchas funciones en el cuerpo, los expertos apuntan que estos resultados deben ser interpretados con cautela. «El cobre es esencial y estos efectos se deben a la exposición durante un largo período de tiempo. La clave será encontrar el equilibrio entre demasiado poco y consumo excesivo de cobre. Ahora mismo no podemos decir cuál es el nivel correcto, pero la dieta puede jugar un papel importante en la regulación de este proceso», concluyó.

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