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jueves, 22 de septiembre de 2011

Alzheimer: Adaptándonos a una nueva situación

El Alzheimer demanda adaptación. El afectado, su cuidador principal y su entorno necesitan adaptarse a los cambios que esta enfermedad implica. La experta Cristina Pérez, colaboradora experta en InfoElder, nos brinda una serie de consejos para adaptarnos a esta nueva situación.

Adaptándonos al Alzheimer

El Alzheimer es una enfermedad que afecta a cerca de 650.000 personas en España. Quienes se ocupan de su cuidado y bienestar suelen ser familiares cercanos, como cónyuges o hijos, que terminan haciendo girar su vida en torno a la enfermedad. Ésta situación es comprensible y normal, pero termina traduciéndose en tensión y malestar por parte del cuidador, que descuida sus propias necesidades y cuidados.
En el momento del diagnóstico y en el transcurso de la adaptación a una nueva situación, la noticia produce un gran impacto emocional que se traduce en sentimientos de tristeza, negación, rabia o ansiedad, entre otros. Y enfocamos nuestra energía en hacernos preguntas del tipo ¿por qué a mí? ¿En qué he fallado?… Sentimos la necesidad de socorrer y ayudar a nuestro familiar.

Y sí hay una idea clave que debemos tener en cuenta a la hora de cuidar de alguien, es aprender a cuidarse uno mismo, más y mejor; esto se hace imprescindible para mantener la propia salud y bienestar personal, así como para cuidar mejor de nuestro familiar. Un coche nos es muy útil y nos hace más sencilla muchas veces la vida, desplazándonos de un lado a otro, pero si no realizamos cambios de aceite, ruedas o llenamos el depósito, un día nos quedaremos parados en mitad de la carretera. Así somos nosotros, somos una máquina que necesita unos cuidados, tantos físicos, como emocionales, y si descuidamos estas necesidades, nos pasará lo mismo que al coche, no tendremos energía para seguir.

Sin embargo, muchos cuidadores piensan que es egoísta atender a sus propias necesidades cuando tienen un familiar que se encuentra en peor condición que ellos. Cuidar a alguien supone un desgaste de energía y cuando nos exigimos demasiado y nos olvidamos de nosotros, comienzan a aparecer unas “señales de alarma” que nos indican que no estamos bien, la situación nos agota. Algunas de estas señales son: dificultades para conciliar el sueño, sensación de cansancio continuo, problemas de memoria, aumento o disminución del apetito entre otras cosas.

Para sobrellevar esta nueva situación y afrontarla de la mejor manera posible os propongo varios consejos:

• Los sentimientos de tristeza son normales y comprensibles, no significa ser débil ni debemos sentirnos culpables por ello. No sirve de nada intentar olvidar o no sentir, porque las emociones siguen ahí y tarde o temprano van a salir, quizás de una mala manera. Es importante compartir sentimientos y pensamientos, tanto positivos como negativos y no acumular dentro, sino facilitar el desahogo. Si nos guardamos todo, es un efecto “olla a presión” que tarde o temprano va a explotar de una manera poco deseada, con síntomas psicosomáticos (sarpullidos, vómitos, úlceras, diarrea, dolor de cabeza, depresión, ansiedad…).
• Centrarnos en lo que podemos hacer, y no pensar demasiado en lo negativo, en lo que no podemos hacer ni está en nuestra mano.
• La falta de sueño suele ser un problema frecuente en los cuidadores debido a la intranquilidad de si estará bien el familiar o si necesita atenciones nocturnas. Sin embargo, no debemos descuidar nuestras horas de descanso.
• Evitar el aislamiento, manteniendo las relaciones sociales con familiares y amigos, realizando actividades que nos gustan…
• Cuidar la alimentación comiendo de forma variada: cereales, verduras y frutas, productos lácteos, carnes y pescados.
• Establecer rutinas diarias es muy necesario para un enfermo de Alzheimer ya que simplifica la vida diaria, organiza y evita una toma constante de decisiones.
• Es importantísimo pedir ayuda, no debemos intentar abarcar en la totalidad el cuidado de nuestro familiar ni ser “super-cuidadores”. Debemos aceptar que cada uno tiene sus limitaciones. Ésta ayuda puede ir desde un familiar o vecino, una persona contratada para el cuidado, hasta un profesional de la psicología o una asociación de familiares de enfermos de Alzheimer, que nos ayudarán a encontrar una gran tranquilidad y comprensión.
• Aceptar a nuestro familiar tal y como es, no tal y como era, ni tal y como debería ser.

Y sobre todo, conserva el sentido del humor, ya que la risa nos ayuda a relajarnos y liberar tensiones, consiguiendo una sensación de bienestar.

Y tú, ¿qué trucos tienes?

Escrito por:
Cristina Pérez Simón

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